Laura Sandoval Camacho

La rutina es sencilla, primero se pone unas medias veladas de un color llamativo que reflejan
alegría, como la de un pollito que lleva pocos días de vida y que no se ha ensuciando con el
cisco del corral; segundo llegan las medias a rayas que no combinan en nada con el amarillo,
pero que resaltan muy bien con los zapatos de payaso tipo noventero de estrellas azules;
tercero se pone el suéter rosado que va debajo de un overol de Jean, el cual resalta con el
maquillaje de tonos blanco, rosado y negro y con la diadema azul que distingue al personaje.
Para otros es más sencillo, es ponerse un tipo de vestido pero no de gala, más bien uno con el
cual se demuestra personalidad, de manga larga y hasta los tobillos, negro y lleno de caritas
felices de colores, con dos bolsillo uno rojo y otro azul que dan una combinación perfecta con
el moño ostentoso color cielo que está en la cabeza.


Cada uno tiene un atuendo único que lo representa, pero todo este ciclo no termina allí,
culmina con un momento único y especial, un instante que no solo los distingue a ellos en lo
que hacen, sino que les da apertura a saludar a su personaje ‘clow’, son unos de los segundos
más valiosos para ellos, y es que en este tiempo y de manera muy íntima sin que nadie los
vea, como una muestra de respeto a su personaje, se ponen la nariz.

Tocas el timbre y esperas a que abran, un sonido como un chirrido suena desde arriba y la
puerta se abre lentamente, comienzas a subir las escaleras esperando a que alguien te diga que
no puedes subir o qué debes esperar hasta saber ¿quién eres? y ¿qué es lo que quieres? pero al
terminar de subir nadie pregunta, por el contrario aparece un pequeño de aproximadamente
nueve años ofreciéndote a pesar de que eres un extraño, gaseosa. Te saludan algunos chicos
que se encuentran sentados en el piso, y lo que divisas es un mural hecho por un grafitero
local llamado ‘Snare’ y un ambiente tan cálido y apacible como si estuvieras en casa, la casa
de la YMCA.

-Sigan, bienvenidos.


Ángela España Martínez es una joven de no más de 28 años, de cabello negro, tez blanca,
estatura promedio de una colombiana pero con una gran particularidad, y es que posee una
actitud arrolladora, llena de vida, de alegría, de esperanza y muchos sueños por lo que hace.
Ella es la coordinadora de Misión y Voluntariado de la YMCA de Risaralda, es la encargada
de mantener unidos a los 55 voluntarios que conforman cada una de las vértebras de esta
organización, y es que a pesar de que la sede es una de las más pequeñas a nivel nacional y
que tan solo cuenta con cuatro personas staff y el resto voluntariado, debe cumplir con
grandes responsabilidades cada día.


Se sigue por un pasillo y a mano derecha se llega a la cocina, luego a un cuartico donde hay
algunas sillas arrumadas, una mesa blanca, un baño y la entrada al patio; te sientas en la mesa
y comienzas a escuchar todo lo que Ángela España tiene por contarte de la YMCA, que
brinda clases de inglés para niños, zanquería, malabares y diferentes capacitaciones en

diferentes áreas basadas en la educación experiencial, tiene un campo que en lo particular es
digno de admiración y mucho respeto, en él se forma a los voluntarios en el arte teatral del
‘clown’, lo cual no solo les permite conocerse mejor a ellos mismos, sino brindarle vida a un
personaje que tiene cualidades y personalidad propia, que puede ser cojo, con una voz muy
ronca o por el contrario muy chillona pero tierna, como la del gigante dinosaurio violeta,
conocido como Barney, con cabello rojo amarillo o negro, y con prendas que llegan al límite
de la imaginación.


Corrían por los pasillos, jugaban en los ascensores y se recorrían todos los cuatro pisos,
llevando sonrisas, alegría y momentos de solo silencio, de buen tiempo de calidad, todo los
viernes en la mañana en la Liga contra el Cáncer, seccional Risaralda. Allí tuvieron su
primera oportunidad para trabajar como ‘clown’ hospitalario, su primer acercamiento con lo
que sería llevar mucho de la teoría a la práctica, pero a una práctica con muchas pinceladas
constantes de realidad y sentimientos.


“Alguien de mi misma edad se está muriendo en este momento” nos contaba Ángela con una
voz un poco más sutil y no tan alegre como al principio, cuando explicaba el cómo los
afectaba con el tiempo ir a esos encuentros, por lo que tuvieron que empoderarse junto con
César Villegas, profesor de ‘clown’, para trabajar en la parte emocional desde el arte, las
técnicas de teatro y así poder adquirir mejores herramientas para enfrentar mucho mejor
dichos momentos.


Cuando se está inmerso en el mundo del cáncer infantil hay muchos mitos y miedos que
hacen que se esté muy alerta con ellos, el pensar que mientras están en ‘quimio’ no se puede
estar allí, que no se pueden tocar mucho, que jugar con ellos en el corredor no se puede o
simplemente que les pueden tener miedo a los payasos. Todos estos miedos fueron quedando
a un lado gracias a capacitaciones que Sanar, fundación para niños con cáncer, les brindó a
los chicos de la YMCA para que comprendieran mucho mejor la realidad, y supieran cómo
enfrentarla al momento de vivirla.


La rutina es sencilla, primero se llega a la sede, se recoge el vestuario, se habla con las
personas que estén allí y se escogen los juegos o implementos necesarios como tambores,
foami y cartulina; luego se sale de la casa YMCA cargado de energía positiva, de alegría y de
mucho amor para dar. Cuando se llega a la entrada del Hospital San Jorge, los chicos saludan
a sus queridos amigos ‘los avatares’, que son los encargados de brindar la seguridad del
centro hospitalario con sus trajes completamente azules , luego se dirigen a saludar a la
‘señora dios’ la que tiene el don de hablar con cualquier persona del hospital en cualquier
momento, y que además de eso puede cantar melodiosamente cual trino de los pájaros en la
mañana; de allí, se dirigen a la habitación de los niños, pero antes entran en un cuarto donde
se ‘clownean’, donde se ponen su vestuario y le dan la bienvenida a su personaje ‘clown’,
juegan un poco entre ellos, se reparten un poco de energía para desearse que todo saldrá muy
bien y recuerdan que si algo sale mal en cualquier momento, se debe hacer ‘la mirada’, esa
mirada que indica al otro ‘clown’ ”no sé cómo reaccionar, voy a llorar, necesito que me

salves”, toda la preparación finaliza con el momento íntimo en el que cada ‘clown’ elige
ponerse su nariz, en ese instante ya están completamente listos para ingresar.


Llega el momento y se ingresa al cuarto mágico en el tradicional ‘perro volador’ o ‘el tren’,
saludan a las enfermeras y al señor ‘cabecita de algodón’ el que tiene el don de saber todo
acerca de la oncología, le hacen un par de cosquillas y luego preguntan por los niños con los
que pueden estar; de allí se dirigen en parejas y nunca solos para poder hacer ‘la mirada’ si en
algún momento la necesitan; el lugar tiene varios cuartos seguidos y algunas camas,
comienzan a trabajar con los niños y a jugar con ellos, personifican cuantos ya sean de hadas
como ‘Thinker Bell’, de monstruos o piratas, se hace globoflexia, se canta, pinta y ríe, pero
también se tienen momentos de silencio, de mucho valor sentimental y emocional los cuales
para Ángela son muy importantes “creo que es una de los momentos más icónicos y más
profundos que tenemos con los niños”. Cuando hay niños con los cuales no pueden
interactuar directamente porque no pueden ingresar al cuarto, los ‘clown’ desde la puerta, se
encargan de hacer pasar un rato agradable al pequeño, pues juegan algo conocido como ‘yo
dirijo tú mirada’, y es que el niño con el dedo índice se encarga de manejar al ‘clown’ como
si fuera un títere y él, el titiritero.


Llega el momento en que el ‘perro volador’ o ‘el tren’ ingresan al cuarto mágico y es
momento de irse, es un instante donde las preguntas por parte de los pequeños comienzan a
llegar como gotas de lluvia constante ¿Por qué te vas? ¿Cuándo vuelves? ¿Te voy a volver a
ver? preguntas que solo pueden ser contestadas de la manera más sincera, nunca con
mentiras. Se despiden de los niños, de las enfermeras y del señor ‘cabecita de algodón’, se
reúnen, abrazan y hablan del momento; luego pueden tomar dos decisiones, una es la de
guardar su nariz, salir de su personaje e irse para la sede, y la otra, es no quitarse su nariz,
seguir en personaje e irse por todo el hospital haciendo terapia de humor con las personas que
encuentren, charlar un rato con la ‘señora dios’ y hacerla que cante por el micrófono y jugar
con los ‘avatares’ lo cual incluye una que otra foto con ellos.


Llega el momento de despedirte de Ángela y sales del pequeño laberinto hasta llegar a la sala
en donde se encuentra el mural pero ya no hay ningún chico, comienzas a bajar las escaleras
y la única sensación que te queda o en lo único que puedes pensar además de la admirable
labor que hacen, es que “It´s fun to stay at the YMCA” “Es divertido estar en la YMCA” y no
esperas el día para volver y ver cómo tan solo una nariz de color rojo sangre y de forma
esférica, puedo crear todo un mundo mágico lleno de alegría, amor y momentos inolvidables.

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Programa de Comunicación Social - Periodismo - Universidad Católica de Pereira 

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